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De vuelta a casa, de vuelta fuera

Octubre 31, 2006 · Dejar un comentario

Al llegar a casa después de que el Julen me echara me encontré a la vieja y al Marcos desayunando. El viejo se había marchado ya a las cabras. No le ví en todo el día.

Anoche me lo encontré a la puerta de casa, que venía de la tasca. No supe distinguir si venía malhumorado o triste. Creo que son dos cosas que se mezclan o es que ya nos nacen juntas, no sé, pero parece que no va la una sin la otra.

¿Sales otra vez?
Si.
¿Vas a volver?
Sólo voy a ver al abuelo. Andará pocho ahora que empieza el frío.
Ya.

Abrió el zurrón y me dio El guardián entre el centeno. No dijo nada más, ni me miró más. Sólo entró en casa.

Me quedé allí plantada, mirando el libro, sin entender demasiado por qué me lo había dado. Sin entender por qué no me preguntaba dónde había estado la noche anterior, por qué no se enfadaba conmigo, por qué no me castigaba. Sin entender por qué no se hablaba en casa del Jaime, mi hermano, que se marchó a estudiar a la ciudad y aún no ha vuelto ningún año, ni ha enviado una carta o una postal. Empecé a echar de menos al Julen. Es un cabrón, pero al menos le entiendo, o creo que le entiendo, y me gusta cuando me da el viento en la cara montada en su moto.

Al final no fui a ver al Tirulete. Estuve paseando por el encinar. El libro que me dio el viejo lo he metido en un cajón.

Categorías: Sandra

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