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Entradas clasificadas como ‘Humano’

Sonrisas

Noviembre 21, 2006 · Dejar un comentario

Anoche me fui a ver al Tirulete. Hacía frío y lloviznaba. Me enfundé en mi capa y salí para el parque. El Tirulete estaba metido debajo del banco, con el plástico por encima. Me miró desde abajo. Me senté en el banco. El banco es de madera, formado por dos tablones sobre los que sentarse y otros dos de respaldo, todos ellos encajados en dos estructuras de piedra incrustadas en el suelo a los lados que sujetan el conjunto. Entre los tablones veía la cara del Tirulete.

Hace mucho que no vienes.
He estado enfermo.
Ya lo sabía.
¿Y eso?
He visto a la Sandra subirse a las cabras estos días, con el Elías.
Ya.
¿Qué has tenido?
Cogí fríos.
Uhm. ¿Cómo está la Pepa?
Bien.

Le dí un trago al bric de tinto que tenía el Tirulete para esa noche.

Estuve pensando el otro día en aquello que me decías hace años, aquello de que sólo es un niño o la muerte más sabio que uno.
¿Te creiste aquello?
¿Por qué no habría que creérmelo?
Porque es un topicazo y una cursilería. Pensé que serías más listo e irías un poco más allá, pero parece que te has quedado en la superficie, en lo cursi, en lo hortera.
¿Me mentiste?
No, te disfracé la realidad. Los topicazos, nos guste o no, nos creamos impermeables a ellos o no, están basados y tienen un trasfondo real. Un tópico nace y crece por una realidad que lo sustenta, a la que, con el tiempo y el uso, la estereotipamos hasta el topicazo. Simplemente disfracé mi pensamiento, mi realidad. Mi realidad es la que te he trasmitido durante años, es lo que hacemos los padres con los hijos, trasmitirles nuestras realidades. Después confiamos en que las interpreten correctamente y que descubran las suyas propias.

Cogí el bric que había en el suelo y le dí un trago largo.

Entonces, todo aquello de no agachar la cabeza…
Eso es cierto. ¿Conoces a alguien a quien le guste agachar la cabeza ante la gilipollez humana? Y eso que es lo que más abunda. Si tienes que agachar la cabeza, cojones, al menos que sea ante alguien mejor que tú.
¿Tú eres más sabio que yo?
No lo dudes.
¿Y lo de los niños y la muerte?
Piensa, hijo, piensa un poco. Y si no se te ocurre nada puedes leerte La sonrisa etrusca. Es un libro viejo, pero seguro que te sirve.
Mucha gente dice que Sampedro no es… demasiado bueno.
La mayoría de la gente es idiota, y tenemos que aguantarla. Por cierto, si te acabas el vino, ya estás yendo a tu casa a por más.
Me voy.

Me despedí del Tirulete y me marché a casa.

Categorías: Humano · J.L Sampedro · Queso de Cabra

György

Noviembre 16, 2006 · Dejar un comentario

Ahora que lo pienso, no ha sido todo malo esta semana. Cuando bajaba de las cabras, el día de los niños, con el frío ya metido entre las costillas, venía recordando unas palabras de Kertész:

Yo creo que también hoy vivimos en una dinámica que, por supuesto, no es la de Hitler y Auschwitz, pero sí una dinámica que obliga a las gentes y a los países a integrarse en una forma de vida que nos es presentada por los medios y que se han convertido en lugares comunes. Todavía no está bien estudiado el grado de sumisión y adaptación que exigen, por ejemplo, los grandes consorcios multinacionales a sus empleados. Hay muchos ejemplos de cómo la libertad que existía en el siglo pasado para vivir con privacidad e intimidad está en peligro. El hombre del siglo XIX no era más libre que el actual, pero no había posibilidades de dominar totalmente al hombre, y hoy, sin embargo, los medios para hacerlo están disponibles. Y son las dictaduras y Auschwitz las que generaron en el siglo pasado las dinámicas para que esta total dominación del hombre, de sus conceptos, informaciones, conductas y formas de pensar se haya hecho posible

Luego, cuando ya no pude salir de la cama, le pedí a la Pepa que me trajese Sin Destino y me lo he releído esta semana. Ahora entiendo lo que me dicen los que llegan de estudiar fuera de Vergamar: En Vergamar no existe la crueldad de dar esperanzas, sólo se vive.

[Tú, como serás tontito, te sugiero que te compres un piruleta y te hurgues con ella la nariz]

Esta semana la Pepa ha estado mucho tiempo tendida junto a mí, mientras la fiebre, tan calentita.

Categorías: Humano · Imre Kertész · Queso de Cabra

Encerrado

Noviembre 16, 2006 · Dejar un comentario

Me cago en lo vivo. Una semana entera en la cama, sin irme a las cabras, sin salir al aire, aquí, jodido. Espero que la Sandra no haya tenido problemas con las cabras. Le mandé al Elías pa que la echase una mano. El Elías es de fiar y aunque prefiere las ovejas, también le van las cabras, especialmente mi Nati.

Cada vez que estoy encerrado me acuerdo del Tirulete, de cuando era yo niño y no soportaba estar encerrado. Y él siempre me decía:

Aguanta, que seguro que hay por ahí alguien que está peor que tu.

Me lo decía de crío, porque ya mayor me decía:

No agaches la cabeza sino sólo ante lo inevitable. Y lo inevitable sólo puede ser aquello más sabio que tu. Entonces agacha la cabeza y aprende.

Un día estando en casa le pregunté:

Padre, ¿cómo sabré que algo es más sabio que yo?
Eso es fácil. Sólo lo es un niño y la muerte, que vienen a ser lo mismo.
No lo entiendo

Y entonces rebuscó en la librería y me tendió una copia de El Inmortal de Borges.

Categorías: Humano · J.L. Borges · Queso de Cabra

La Mónica

Noviembre 14, 2006 · Dejar un comentario

Ayer salí a dar una vuelta. Me he pasado más de una semana llevando a las cabras al monte. El viejo se puso enfermo; cogió fríos y a duras penas se levanta de la cama. El Marcos anda como deprimido, está encerrado en su cuarto con el libro ese que siempre lee, así que me ha tocado a mí llevar a las cabras. Menos mal que el Elías me ha echado una mano. Es un buen tipo.

Ayer salí a ver a la Mónica, la hija del Pedro, que dicen que tiene el culo más bonito de Vergamar. Y la verdad es que bien bonito lo tiene, ya me gustaría para mí. La Mónica estuvo mala mucho tiempo, algo de las tripas. Me solía decir que no cagaba, sino que meaba por delante y por detrás. Yo creo que de eso tiene ese culo. Hace cosa de un año cagó normal y el día que sucedió vino a casa a contármelo y lo que había sentido. Desde entonces está como loca; hasta se ha liado con el Ismael, que es muy marica. Es el herrero de Vergamar. Tiene unas manos para la forja que son la envidia de la zona. Sus padres ya murieron, recién llegado de estudiar Industriales, que apenas sí descargó la maleta y ya los enterraba. El Ismael es muy, muy marica y muy, muy dulce… y el tipo más grande del pueblo. La Mónica lo engatusó y como que está liada con él, que ella hace de hombre me dice y que el Ismael le da lo que ella busca. Aún no he entendido muy bien de qué van, pero van.

La Mónica es mayor que yo, pero es mi mejor amiga, siempre le cuento todo (o casi todo). Anoche le estuve contando lo del Julen (y no comprendía que no le hubiese dejado olerme el trasero) y lo del viejo y el libro que me regaló.

¿Por qué lo has guardado? Léetelo mujer, que merece la pena.
¿Y por qué no me dice a la cara lo que tenga que decirme? Cada vez que algo le quema me larga un libro.
Ya, y tu vas y lo guardas de cada vez. Supongo que no es fácil para los viejos hablar con nosotras.
¿El Pedro también te da libros?
No, pero tampoco me habla mucho. ¿Has visto que huele a jazmín? ¿Por qué cuando se van los niños huele a jazmín? Y tánto tiempo…
Sí, es raro.

Al final no me atreví a contarle que quiero ir a buscar a mi hermano. Cuando nos despedimos me apeteció mucho estar con el Julen. Casi me voy a la tasca del Jacinto a llamarle por teléfono. El Julen tiene móvil, como trabaja en el taller de su tío se lo puede pagar. El viejo no quiere comprarme uno, dice que si tuviese uno estarían todo el día llamándome tontitos, como los llama él. Después de pensarlo me volví a casa. Era tarde.

Categorías: Humano · Sandra

1280 y más niños

Noviembre 5, 2006 · Dejar un comentario

MafiaLos niños han aparecido hoy otra vez. Al principio era tema de conversación habitual en el pueblo: ¿De dónde coño vienen? ¿Quién coño son?. Pero con el tiempo ya nadie se pregunta nada. Vienen cuando quieren, sin avisar. Las veces que les hemos preguntado quienes eran se han quedado mirándonos como si no entendiesen una palabra de lo que decimos, o peor aún, como si la respuesta fuera evidente y nosotros unos gilipollas por preguntarlo. Cuando vienen es día de fiesta en Vergamar.
Hoy les he oído desde arriba. Estaba tumbao en el pasto, pa sentir frío nada más. No me apetecía ni ver a la Jara. No ando bien, no hago más que pensar en la Sandra y cómo se me va de las manos, la muy jodía, que ya son dieciseis y no me he dado ni cuenta. Estaba oyendo el alboroto cuando otro ruido me ha hecho incorporarme. Se acercaba el Elías, el ovejero. Me gusta el Elías, aunque en el monte no coincidimos. cada uno tiene sus cosas y sus rutas, no nos gusta mezclarnos. A veces paso por su casa, alguna noche, algún sábado. Bebemos y charlamos. La Eloísa es su mujer, es la doctora del pueblo, la que nos cuida, vamos. En la consulta manda ella, pero en casa, es el Elías quien manda. Tienen una relación de esas de sumisión o como se llame, y cuatro chavales como cuatro soles. Cuando ya están acostados, algún sábado a la noche, me acerco a ver al Elías, y me cuenta de novelas negras, especialmente americanas.
Hoy el Elías venía sólo. Le he gritado.

¡Eh! ¿Dónde has dejado las ovejas?
Hoy he salío por setas, andan abajo las ovejas. Pero me vuelvo, que han venido los niños.
Ya les oigo, ya
¿No te vienes?
No, hoy no.

El Elias se paró frente a mí, como confuso. Llevaba un cesto colgando de la mano derecha y un libro bajo el brazo izquierdo.

¿Que no te vienes? ¿Pues que te pasa, Sarrete?
No me hayo, Elías. Ando preocupado… cosas… ¿Qué te lees?

Elías dejó la cesta en el suelo, sacó el libro del sobaco y lo miró con gusto.

1280 almas, del Thompson. En inglés, que me lo ha regalado mi cuñado. Le tenía ya ganas, que la edición de Bruguera esa vieja que tengo no me terminaba de convencer. ¿Y tú?

Devolvió el libro al sobaco y cogió la cesta

Ná. Estoy aquí sólo tumbado al frío.
¡Uuuy! Sí que me andas mal. Pásate el próximo sábado y me cuentas. ¿En serio no te bajas?
No, me quedo.
Vale, como quieras.

El Elías se alejó a paso rápido y yo me volví a tumbar.

Categorías: Humano · Jim Thompson · Queso de Cabra

N-o-c-h-e

Noviembre 3, 2006 · Dejar un comentario

Still Clifford

Dos putas noches sin dormir.
La Sandra me anda rehuyendo. Dos putas noches sin dormir.
La Pepa no me dice nada pero sé que sufre.
No tengo ganas de ir a ver al Tirulete.

No me apetece nada. Sólo quiero que la Sandra me hable, que me cuente algo, lo que sea.

Categorías: Humano

Cosa de locos

Noviembre 1, 2006 · Dejar un comentario

Es complicado tratar con un adolescente. Es complicado tratar con la Sandra. La Pepa muchas veces la mira y luego me mira como pidiéndome que haga algo, que la redima de sus pecados, que puede que no haya cometido o sí. Es fácil andarse con los niños y las cabras, pero jodido con los hombres y peor aún con aprendices de hombre. Los adolescentes siempre conducen por carreteras fronterizas en las que nosotros ya hemos tenido accidentes y en las que hemos visto muertos y los seguimos viendo.

Cuando volví de la tasca, de estar con el Jacinto y amargarme el orujo, me encontré a la Sandra a la puerta de casa. ¿Qué se le puede decir a una hija de dieciseis años que ha pasado una noche desaparecida? Quiero saber, quiero conocer hasta el más mínimo de los detalles de esa noche suya. En mi interior está escrita ya toda una historia sórdida, una historia que mi yo destructivo desea que coincida fielmente con lo que realmente pasó. Una historia de la que mi yo precavido huye… y no le dije nada. Y puede que finalmente no tenga nada que decirle.

La mañana en que me desperté y la Sandra no estaba me acordé del joven Holden y de su relato de esa cosa de locos que nos cuenta en El guardián entre el centeno. Pensé que la Sandra tenía que leer esa cosa de locos. Pensé que todos los adolescentes deberían leer el libro [aunque tú, si eres tontito, nunca te darás cuenta de esto]. Lo eché al zurrón pa que no se me olvidase. Se lo dí a la puerta de casa. Sólo espero que lo lea.

Hoy he seguido dando vueltas a la Sandra y me he acordado de otro libro, Demian [lo que he discutido sobre este libro aquí en el pueblo, Dios!] y me he dado cuenta de las relaciones que existen entre ambos libros, de cómo ven la misma realidad desde unos mismos ojos adolescentes… y he pensado en la Sandra y el estigma de Caín [como puede que tú seas bobo, olvida eso del estigma de Caín... es más, echa un pis y a la cama, tontito].

No sé. Creo que a la Sandra la voy a perder… y sin poderle decir nada. Esta noche no dormiré bien.

Categorías: H. Hesse · Humano · J.D. Salinger · Narrativa · Queso de Cabra

La encinas

Octubre 30, 2006 · Dejar un comentario

Esta noche padre no me ha querido ver. Suele ocurrir cuando se ha pasado con el tinto. No me quiere ver, o al menos eso dice, pero yo sé que no quiere que yo le vea; no así, borracho, sin poder hablar. Cuando padre no quiere verme yo me acerco hasta la tasca, la única que hay en Vergamar. La tasca del Jacinto.

Jacinto es el poeta del pueblo. Se fue a estudiar a la ciudad, como todos, menos la Gema, que es analfabeta. Se fue a estudiar hispánicas y luego se volvió aquí, hecho un poeta. En el encinar del pueblo, Jacinto ha grabado sus poemas, uno por uno, en los troncos de las encinas. Con mimo y cuidado. Cada vez que termina un poema se marcha al encinar, da igual la hora que sea, y lo graba con un punzón. Tarda horas en terminarlo. Dice que hay que hacerlo sin que a la encina le duela; suave. En el pueblo nos gusta que haga eso; cuando andamos con la melancolía nos vamos hasta el encinar, a pasear… y a leer. Es buen poeta el jodido, pero también le da a la botella y eso le pierde a veces.

Esta noche me he acercado hasta la tasca del Jacinto, a emborracharme. Jacinto ya estaba borracho. La tasca vacía. Al verme entrar me ha puesto una copa de orujo y con media lengua me ha preguntado:

¿Por qué nadie lee mis poemas? ¿Qué tienen de malo? ¿Por qué ya nadie lee poesía?
Todos leemos tus poemas, Jacinto.
¡Pero yo no hablo del pueblo! – gritó – Hablo de los hombres. De todos los hombres. ¡De los chinos si hace falta!
Joder, Jacinto, joder… los chinos.
¿Por qué ya nadie lee poesía?
Porque no la entienden, Jacinto, porque no la entienden.
¡Pero la poesía no se entiende! ¡Se siente, coño, se siente!
Pero sentir es inconstitucional, ¿o no te habías enterado? Hace años que se prohibió sentir. Ahora hay que entender.

Pagué el orujo que no terminé y me me volví pa casa. Hoy no me han dejado ni emborracharme en paz.

Categorías: Humano · Poesía

Desde un único punto de vista

Octubre 27, 2006 · Dejar un comentario

Anoche fui a ver a padre, al Tirulete. Le encontré mirando un clavo oxidado, sentado en el banco… el clavo. Él estaba de pie frente al banco. Corría aire. Me senté en el banco, junto al clavo. Tirulete no saludó, pero empezó a hablar:“Un humano andaba por una acera cuando se cruzó una paloma que, situándose delante del humano, avanzaba a pequeños saltitos. El humano pensó que la paloma era un animal estúpido porque no se apartaba para dejarle pasar aun a riesgo de que le pisase la cabeza. La paloma sentía al humano detrás, a escasos centímetros. La paloma entonces pensó que el humano debía ser estúpido porque no le pisaba la cabeza, aun cuando era evidente que quería pasar”.

Las palomas no piensan padre, le dije.
Tirulete me miró y se dio la vuelta para sentarse en el banco junto a mi.

Culo, mira qué culo.

La hija del Pedro pasaba de vuelta a casa.

El culo de la hija del Pedro

Categorías: Humano