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Girando, girando…

Octubre 29, 2006 · Dejar un comentario

Estado de noria

Esta mañana hacía frío y yo me refugiaba entre la Nati y su abuela Jara. La llamé así porque su olor me recordaba a la jara, Jarita de chica y Jara ahora que ya va pa vieja. Acurrucado entre sus cuartos traseros me refugiaba, apenas había asomado el sol, sentado en un peñasquito ya de sobra conocido, allí estaba yo esta mañana. Había dejado a la Pepa dormida. El Marcos nunca se me viene a las cabras de madrugada y la Sara aún no había llegado a casa. Eso debió ser lo que me despertó, el no saber por dónde andaría la Sara, con sus dieciseis recientes.

Así me encontró padre, el Tirulete, acurrucado. Me sobresaltó. No solía venirse hasta allí arriba, su vida estaba en el parque.

¿Padre? ¿Qué hace aquí?

Es por tu madre. Cuando empiezan los fríos la echo de menos. Echo de menos sus piernas y sus brazos rodeándome. Hoy hace frío, el primero del otoño. El banco estaba helado.

Se acurrucó junto a mí, entre la Nati y la Jara, y le dio un trago largo a un brick de rosado que no había visto que traía consigo. Era muy temprano para andarse bebiendo. No le dije nada. El resto de cabras triscaban y trotaban.

¿Qué lees?

Estado de noria, padre. Una voz nos recuerda que somos islas, que andamos solos, y más en estos tiempos en donde querer disfrutar de la vida parece una enfermedad mental… pero qué le voy a contar a usted, padre. – El Tirulete miró arriba, echó otro trago y suspiró.

Échame una miaja al alma, hijo.

Habla de un hombre y una mujer y un niño, del hijo. ¿De verdad quiere que le lea, padre?

Asintió y yo le leí.

“La mujer ya no plancha sus arrugas,
ya no piensa en su edad…
[Tirulete estaba quieto]

El hombre junta apósitos y letras
si se acerca la noche a seducirlo…
[Tirulete escuchaba]

El niño no ha encontrado la pelota
y el mundo no ha parado de moverse. “

Cuando cerré el libro Tirulete estaba llorando.

Esto es sólo para cabreros, hijo, no le digas a los tontitos que lean el libro. – se sorbió los mocos que empezaban a asomar. – ¿Quién lo escribió?

Ana Martín Puigpelat, padre.

Es sólo para cabreros.

Tirulete se levantó. Echó el brick ya vacío en mi zurrón. Se marchó.

Categorías: Martin Puigpelat · Poesía · Queso de Cabra