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Entradas clasificadas como ‘Queso de Cabra’

Crónica del pájaro

Junio 14, 2009 · Dejar un comentario

Quizás no aguante más al Tirulete. O quizás no pueda vivir sin él. ¿Y sin la Sandra? No sé cómo sería vivir sin ellos. Puede que sea mejor morir uno mismo, antes que los otros. Puede que haya sido una lástima no haber muerto en este tiempo.

La Pepa me ha perdonado la desaparición. Es una jodida bendita gorda.

Miro la biblioteca de casa, llevo tres días encerrado en ella. Pa mí que las cabras se están muriendo. El Elías me ha dicho que las ha cuidao en este tiempo. Que alguna ha muerto, pero que en general están bien. Que alguna ha nacido.

Remiro en la puta biblioteca y no veo más que pasado. Puede que “Crónica del pájaro … “, quizás estos sueños me valgan. Algún gilipollas dijo que le engañó el libro, que era una gran mentira. Siempre hay un gilipollas detrás de uno.
Siempre te estropea el día.

Estoy perdido en la vuelta. Quizás sea bueno que me marche de nuevo. Sí, voy a sacar de su estantería al pájaro que da cuerda al mundo.

Iré a ver al Tirulete. Igual se ha muerto.

Qué mujer se ha hecho la Sandra.

Categorías: Murakami · Narrativa · Queso de Cabra

Sonrisas

Noviembre 21, 2006 · Dejar un comentario

Anoche me fui a ver al Tirulete. Hacía frío y lloviznaba. Me enfundé en mi capa y salí para el parque. El Tirulete estaba metido debajo del banco, con el plástico por encima. Me miró desde abajo. Me senté en el banco. El banco es de madera, formado por dos tablones sobre los que sentarse y otros dos de respaldo, todos ellos encajados en dos estructuras de piedra incrustadas en el suelo a los lados que sujetan el conjunto. Entre los tablones veía la cara del Tirulete.

Hace mucho que no vienes.
He estado enfermo.
Ya lo sabía.
¿Y eso?
He visto a la Sandra subirse a las cabras estos días, con el Elías.
Ya.
¿Qué has tenido?
Cogí fríos.
Uhm. ¿Cómo está la Pepa?
Bien.

Le dí un trago al bric de tinto que tenía el Tirulete para esa noche.

Estuve pensando el otro día en aquello que me decías hace años, aquello de que sólo es un niño o la muerte más sabio que uno.
¿Te creiste aquello?
¿Por qué no habría que creérmelo?
Porque es un topicazo y una cursilería. Pensé que serías más listo e irías un poco más allá, pero parece que te has quedado en la superficie, en lo cursi, en lo hortera.
¿Me mentiste?
No, te disfracé la realidad. Los topicazos, nos guste o no, nos creamos impermeables a ellos o no, están basados y tienen un trasfondo real. Un tópico nace y crece por una realidad que lo sustenta, a la que, con el tiempo y el uso, la estereotipamos hasta el topicazo. Simplemente disfracé mi pensamiento, mi realidad. Mi realidad es la que te he trasmitido durante años, es lo que hacemos los padres con los hijos, trasmitirles nuestras realidades. Después confiamos en que las interpreten correctamente y que descubran las suyas propias.

Cogí el bric que había en el suelo y le dí un trago largo.

Entonces, todo aquello de no agachar la cabeza…
Eso es cierto. ¿Conoces a alguien a quien le guste agachar la cabeza ante la gilipollez humana? Y eso que es lo que más abunda. Si tienes que agachar la cabeza, cojones, al menos que sea ante alguien mejor que tú.
¿Tú eres más sabio que yo?
No lo dudes.
¿Y lo de los niños y la muerte?
Piensa, hijo, piensa un poco. Y si no se te ocurre nada puedes leerte La sonrisa etrusca. Es un libro viejo, pero seguro que te sirve.
Mucha gente dice que Sampedro no es… demasiado bueno.
La mayoría de la gente es idiota, y tenemos que aguantarla. Por cierto, si te acabas el vino, ya estás yendo a tu casa a por más.
Me voy.

Me despedí del Tirulete y me marché a casa.

Categorías: Humano · J.L Sampedro · Queso de Cabra

György

Noviembre 16, 2006 · Dejar un comentario

Ahora que lo pienso, no ha sido todo malo esta semana. Cuando bajaba de las cabras, el día de los niños, con el frío ya metido entre las costillas, venía recordando unas palabras de Kertész:

Yo creo que también hoy vivimos en una dinámica que, por supuesto, no es la de Hitler y Auschwitz, pero sí una dinámica que obliga a las gentes y a los países a integrarse en una forma de vida que nos es presentada por los medios y que se han convertido en lugares comunes. Todavía no está bien estudiado el grado de sumisión y adaptación que exigen, por ejemplo, los grandes consorcios multinacionales a sus empleados. Hay muchos ejemplos de cómo la libertad que existía en el siglo pasado para vivir con privacidad e intimidad está en peligro. El hombre del siglo XIX no era más libre que el actual, pero no había posibilidades de dominar totalmente al hombre, y hoy, sin embargo, los medios para hacerlo están disponibles. Y son las dictaduras y Auschwitz las que generaron en el siglo pasado las dinámicas para que esta total dominación del hombre, de sus conceptos, informaciones, conductas y formas de pensar se haya hecho posible

Luego, cuando ya no pude salir de la cama, le pedí a la Pepa que me trajese Sin Destino y me lo he releído esta semana. Ahora entiendo lo que me dicen los que llegan de estudiar fuera de Vergamar: En Vergamar no existe la crueldad de dar esperanzas, sólo se vive.

[Tú, como serás tontito, te sugiero que te compres un piruleta y te hurgues con ella la nariz]

Esta semana la Pepa ha estado mucho tiempo tendida junto a mí, mientras la fiebre, tan calentita.

Categorías: Humano · Imre Kertész · Queso de Cabra

Encerrado

Noviembre 16, 2006 · Dejar un comentario

Me cago en lo vivo. Una semana entera en la cama, sin irme a las cabras, sin salir al aire, aquí, jodido. Espero que la Sandra no haya tenido problemas con las cabras. Le mandé al Elías pa que la echase una mano. El Elías es de fiar y aunque prefiere las ovejas, también le van las cabras, especialmente mi Nati.

Cada vez que estoy encerrado me acuerdo del Tirulete, de cuando era yo niño y no soportaba estar encerrado. Y él siempre me decía:

Aguanta, que seguro que hay por ahí alguien que está peor que tu.

Me lo decía de crío, porque ya mayor me decía:

No agaches la cabeza sino sólo ante lo inevitable. Y lo inevitable sólo puede ser aquello más sabio que tu. Entonces agacha la cabeza y aprende.

Un día estando en casa le pregunté:

Padre, ¿cómo sabré que algo es más sabio que yo?
Eso es fácil. Sólo lo es un niño y la muerte, que vienen a ser lo mismo.
No lo entiendo

Y entonces rebuscó en la librería y me tendió una copia de El Inmortal de Borges.

Categorías: Humano · J.L. Borges · Queso de Cabra

1280 y más niños

Noviembre 5, 2006 · Dejar un comentario

MafiaLos niños han aparecido hoy otra vez. Al principio era tema de conversación habitual en el pueblo: ¿De dónde coño vienen? ¿Quién coño son?. Pero con el tiempo ya nadie se pregunta nada. Vienen cuando quieren, sin avisar. Las veces que les hemos preguntado quienes eran se han quedado mirándonos como si no entendiesen una palabra de lo que decimos, o peor aún, como si la respuesta fuera evidente y nosotros unos gilipollas por preguntarlo. Cuando vienen es día de fiesta en Vergamar.
Hoy les he oído desde arriba. Estaba tumbao en el pasto, pa sentir frío nada más. No me apetecía ni ver a la Jara. No ando bien, no hago más que pensar en la Sandra y cómo se me va de las manos, la muy jodía, que ya son dieciseis y no me he dado ni cuenta. Estaba oyendo el alboroto cuando otro ruido me ha hecho incorporarme. Se acercaba el Elías, el ovejero. Me gusta el Elías, aunque en el monte no coincidimos. cada uno tiene sus cosas y sus rutas, no nos gusta mezclarnos. A veces paso por su casa, alguna noche, algún sábado. Bebemos y charlamos. La Eloísa es su mujer, es la doctora del pueblo, la que nos cuida, vamos. En la consulta manda ella, pero en casa, es el Elías quien manda. Tienen una relación de esas de sumisión o como se llame, y cuatro chavales como cuatro soles. Cuando ya están acostados, algún sábado a la noche, me acerco a ver al Elías, y me cuenta de novelas negras, especialmente americanas.
Hoy el Elías venía sólo. Le he gritado.

¡Eh! ¿Dónde has dejado las ovejas?
Hoy he salío por setas, andan abajo las ovejas. Pero me vuelvo, que han venido los niños.
Ya les oigo, ya
¿No te vienes?
No, hoy no.

El Elias se paró frente a mí, como confuso. Llevaba un cesto colgando de la mano derecha y un libro bajo el brazo izquierdo.

¿Que no te vienes? ¿Pues que te pasa, Sarrete?
No me hayo, Elías. Ando preocupado… cosas… ¿Qué te lees?

Elías dejó la cesta en el suelo, sacó el libro del sobaco y lo miró con gusto.

1280 almas, del Thompson. En inglés, que me lo ha regalado mi cuñado. Le tenía ya ganas, que la edición de Bruguera esa vieja que tengo no me terminaba de convencer. ¿Y tú?

Devolvió el libro al sobaco y cogió la cesta

Ná. Estoy aquí sólo tumbado al frío.
¡Uuuy! Sí que me andas mal. Pásate el próximo sábado y me cuentas. ¿En serio no te bajas?
No, me quedo.
Vale, como quieras.

El Elías se alejó a paso rápido y yo me volví a tumbar.

Categorías: Humano · Jim Thompson · Queso de Cabra

Día de niños

Noviembre 5, 2006 · Dejar un comentario

Hoy el día ha amanecido con la plaza llena de niños. De vez en cuando, algún día que otro, el pueblo se levanta así, invadido de niños. No sabemos de dónde vienen ni quienes son, pero son muchos. Me ha despertado el alboroto y me he levantado corriendo. Me gustan estos días, así que me he vestido y he ido a la habitación de padres. El viejo ya no estaba. Cada vez se marcha antes a las cabras. He despertado a la vieja.

Han venido los niños.
Bien – me ha dicho somnolienta.
¿Desayunamos fuera?
Bien – ha respondido. El Marcos seguía durmiendo.

Cuando vienen los niños la Amalia, la mujer del Jacinto, saca las mesas que tiene en la bodega de la tasca y las pone en la plaza, llenándolas de chocolate y preñaos calientes. Los preña de todo lo que encuentra, dulce o salado, para que los niños coman. Se ilumina la cara de la Amalia estos días, a ella que nunca le han dado hijos. Y es que el Jacinto de tanto beber o nunca ha podido o ya ha matado el poder.

Mientras la vieja se vestía he buscado algo para leerles a los niños. Me gusta hacerlo cuando vienen. Formamos corros grandes y recitamos poemas y cuento cuentos que ellos interpretan a su manera, tan peculiar, tan loca. Al final he cogido a Belli; un cuento para ellos (El taller de las mariposas) y un poemario para mí (De la costilla de Eva; y es que algo me falta estos días). La vieja y yo nos hemos ido del brazo a desayunar a la plaza.

Quiero irme a buscar al Jaime. Casi lo tengo decidido.

Categorías: Gioconda Belli · Queso de Cabra · Sandra

Cosa de locos

Noviembre 1, 2006 · Dejar un comentario

Es complicado tratar con un adolescente. Es complicado tratar con la Sandra. La Pepa muchas veces la mira y luego me mira como pidiéndome que haga algo, que la redima de sus pecados, que puede que no haya cometido o sí. Es fácil andarse con los niños y las cabras, pero jodido con los hombres y peor aún con aprendices de hombre. Los adolescentes siempre conducen por carreteras fronterizas en las que nosotros ya hemos tenido accidentes y en las que hemos visto muertos y los seguimos viendo.

Cuando volví de la tasca, de estar con el Jacinto y amargarme el orujo, me encontré a la Sandra a la puerta de casa. ¿Qué se le puede decir a una hija de dieciseis años que ha pasado una noche desaparecida? Quiero saber, quiero conocer hasta el más mínimo de los detalles de esa noche suya. En mi interior está escrita ya toda una historia sórdida, una historia que mi yo destructivo desea que coincida fielmente con lo que realmente pasó. Una historia de la que mi yo precavido huye… y no le dije nada. Y puede que finalmente no tenga nada que decirle.

La mañana en que me desperté y la Sandra no estaba me acordé del joven Holden y de su relato de esa cosa de locos que nos cuenta en El guardián entre el centeno. Pensé que la Sandra tenía que leer esa cosa de locos. Pensé que todos los adolescentes deberían leer el libro [aunque tú, si eres tontito, nunca te darás cuenta de esto]. Lo eché al zurrón pa que no se me olvidase. Se lo dí a la puerta de casa. Sólo espero que lo lea.

Hoy he seguido dando vueltas a la Sandra y me he acordado de otro libro, Demian [lo que he discutido sobre este libro aquí en el pueblo, Dios!] y me he dado cuenta de las relaciones que existen entre ambos libros, de cómo ven la misma realidad desde unos mismos ojos adolescentes… y he pensado en la Sandra y el estigma de Caín [como puede que tú seas bobo, olvida eso del estigma de Caín... es más, echa un pis y a la cama, tontito].

No sé. Creo que a la Sandra la voy a perder… y sin poderle decir nada. Esta noche no dormiré bien.

Categorías: H. Hesse · Humano · J.D. Salinger · Narrativa · Queso de Cabra

Girando, girando…

Octubre 29, 2006 · Dejar un comentario

Estado de noria

Esta mañana hacía frío y yo me refugiaba entre la Nati y su abuela Jara. La llamé así porque su olor me recordaba a la jara, Jarita de chica y Jara ahora que ya va pa vieja. Acurrucado entre sus cuartos traseros me refugiaba, apenas había asomado el sol, sentado en un peñasquito ya de sobra conocido, allí estaba yo esta mañana. Había dejado a la Pepa dormida. El Marcos nunca se me viene a las cabras de madrugada y la Sara aún no había llegado a casa. Eso debió ser lo que me despertó, el no saber por dónde andaría la Sara, con sus dieciseis recientes.

Así me encontró padre, el Tirulete, acurrucado. Me sobresaltó. No solía venirse hasta allí arriba, su vida estaba en el parque.

¿Padre? ¿Qué hace aquí?

Es por tu madre. Cuando empiezan los fríos la echo de menos. Echo de menos sus piernas y sus brazos rodeándome. Hoy hace frío, el primero del otoño. El banco estaba helado.

Se acurrucó junto a mí, entre la Nati y la Jara, y le dio un trago largo a un brick de rosado que no había visto que traía consigo. Era muy temprano para andarse bebiendo. No le dije nada. El resto de cabras triscaban y trotaban.

¿Qué lees?

Estado de noria, padre. Una voz nos recuerda que somos islas, que andamos solos, y más en estos tiempos en donde querer disfrutar de la vida parece una enfermedad mental… pero qué le voy a contar a usted, padre. – El Tirulete miró arriba, echó otro trago y suspiró.

Échame una miaja al alma, hijo.

Habla de un hombre y una mujer y un niño, del hijo. ¿De verdad quiere que le lea, padre?

Asintió y yo le leí.

“La mujer ya no plancha sus arrugas,
ya no piensa en su edad…
[Tirulete estaba quieto]

El hombre junta apósitos y letras
si se acerca la noche a seducirlo…
[Tirulete escuchaba]

El niño no ha encontrado la pelota
y el mundo no ha parado de moverse. “

Cuando cerré el libro Tirulete estaba llorando.

Esto es sólo para cabreros, hijo, no le digas a los tontitos que lean el libro. – se sorbió los mocos que empezaban a asomar. – ¿Quién lo escribió?

Ana Martín Puigpelat, padre.

Es sólo para cabreros.

Tirulete se levantó. Echó el brick ya vacío en mi zurrón. Se marchó.

Categorías: Martin Puigpelat · Poesía · Queso de Cabra