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Entradas clasificadas como ‘Sandra’

La Mónica

Noviembre 14, 2006 · Dejar un comentario

Ayer salí a dar una vuelta. Me he pasado más de una semana llevando a las cabras al monte. El viejo se puso enfermo; cogió fríos y a duras penas se levanta de la cama. El Marcos anda como deprimido, está encerrado en su cuarto con el libro ese que siempre lee, así que me ha tocado a mí llevar a las cabras. Menos mal que el Elías me ha echado una mano. Es un buen tipo.

Ayer salí a ver a la Mónica, la hija del Pedro, que dicen que tiene el culo más bonito de Vergamar. Y la verdad es que bien bonito lo tiene, ya me gustaría para mí. La Mónica estuvo mala mucho tiempo, algo de las tripas. Me solía decir que no cagaba, sino que meaba por delante y por detrás. Yo creo que de eso tiene ese culo. Hace cosa de un año cagó normal y el día que sucedió vino a casa a contármelo y lo que había sentido. Desde entonces está como loca; hasta se ha liado con el Ismael, que es muy marica. Es el herrero de Vergamar. Tiene unas manos para la forja que son la envidia de la zona. Sus padres ya murieron, recién llegado de estudiar Industriales, que apenas sí descargó la maleta y ya los enterraba. El Ismael es muy, muy marica y muy, muy dulce… y el tipo más grande del pueblo. La Mónica lo engatusó y como que está liada con él, que ella hace de hombre me dice y que el Ismael le da lo que ella busca. Aún no he entendido muy bien de qué van, pero van.

La Mónica es mayor que yo, pero es mi mejor amiga, siempre le cuento todo (o casi todo). Anoche le estuve contando lo del Julen (y no comprendía que no le hubiese dejado olerme el trasero) y lo del viejo y el libro que me regaló.

¿Por qué lo has guardado? Léetelo mujer, que merece la pena.
¿Y por qué no me dice a la cara lo que tenga que decirme? Cada vez que algo le quema me larga un libro.
Ya, y tu vas y lo guardas de cada vez. Supongo que no es fácil para los viejos hablar con nosotras.
¿El Pedro también te da libros?
No, pero tampoco me habla mucho. ¿Has visto que huele a jazmín? ¿Por qué cuando se van los niños huele a jazmín? Y tánto tiempo…
Sí, es raro.

Al final no me atreví a contarle que quiero ir a buscar a mi hermano. Cuando nos despedimos me apeteció mucho estar con el Julen. Casi me voy a la tasca del Jacinto a llamarle por teléfono. El Julen tiene móvil, como trabaja en el taller de su tío se lo puede pagar. El viejo no quiere comprarme uno, dice que si tuviese uno estarían todo el día llamándome tontitos, como los llama él. Después de pensarlo me volví a casa. Era tarde.

Categorías: Humano · Sandra

Día de niños

Noviembre 5, 2006 · Dejar un comentario

Hoy el día ha amanecido con la plaza llena de niños. De vez en cuando, algún día que otro, el pueblo se levanta así, invadido de niños. No sabemos de dónde vienen ni quienes son, pero son muchos. Me ha despertado el alboroto y me he levantado corriendo. Me gustan estos días, así que me he vestido y he ido a la habitación de padres. El viejo ya no estaba. Cada vez se marcha antes a las cabras. He despertado a la vieja.

Han venido los niños.
Bien – me ha dicho somnolienta.
¿Desayunamos fuera?
Bien – ha respondido. El Marcos seguía durmiendo.

Cuando vienen los niños la Amalia, la mujer del Jacinto, saca las mesas que tiene en la bodega de la tasca y las pone en la plaza, llenándolas de chocolate y preñaos calientes. Los preña de todo lo que encuentra, dulce o salado, para que los niños coman. Se ilumina la cara de la Amalia estos días, a ella que nunca le han dado hijos. Y es que el Jacinto de tanto beber o nunca ha podido o ya ha matado el poder.

Mientras la vieja se vestía he buscado algo para leerles a los niños. Me gusta hacerlo cuando vienen. Formamos corros grandes y recitamos poemas y cuento cuentos que ellos interpretan a su manera, tan peculiar, tan loca. Al final he cogido a Belli; un cuento para ellos (El taller de las mariposas) y un poemario para mí (De la costilla de Eva; y es que algo me falta estos días). La vieja y yo nos hemos ido del brazo a desayunar a la plaza.

Quiero irme a buscar al Jaime. Casi lo tengo decidido.

Categorías: Gioconda Belli · Queso de Cabra · Sandra

De vuelta a casa, de vuelta fuera

Octubre 31, 2006 · Dejar un comentario

Al llegar a casa después de que el Julen me echara me encontré a la vieja y al Marcos desayunando. El viejo se había marchado ya a las cabras. No le ví en todo el día.

Anoche me lo encontré a la puerta de casa, que venía de la tasca. No supe distinguir si venía malhumorado o triste. Creo que son dos cosas que se mezclan o es que ya nos nacen juntas, no sé, pero parece que no va la una sin la otra.

¿Sales otra vez?
Si.
¿Vas a volver?
Sólo voy a ver al abuelo. Andará pocho ahora que empieza el frío.
Ya.

Abrió el zurrón y me dio El guardián entre el centeno. No dijo nada más, ni me miró más. Sólo entró en casa.

Me quedé allí plantada, mirando el libro, sin entender demasiado por qué me lo había dado. Sin entender por qué no me preguntaba dónde había estado la noche anterior, por qué no se enfadaba conmigo, por qué no me castigaba. Sin entender por qué no se hablaba en casa del Jaime, mi hermano, que se marchó a estudiar a la ciudad y aún no ha vuelto ningún año, ni ha enviado una carta o una postal. Empecé a echar de menos al Julen. Es un cabrón, pero al menos le entiendo, o creo que le entiendo, y me gusta cuando me da el viento en la cara montada en su moto.

Al final no fui a ver al Tirulete. Estuve paseando por el encinar. El libro que me dio el viejo lo he metido en un cajón.

Categorías: Sandra

El Julen

Octubre 29, 2006 · Dejar un comentario

Me pasado la noche en casa del Julen. Sus padres no están, se han marchado para Almería, a una boda o algo así. No les he dicho a los viejos dónde iba; luego se me ha olvidado llamarles y para cuando me he acordado ya era demasiado tarde (seguro que estaban durmiendo). Se me ha ido el santo al cielo. Hace un frío de cojones. No sé cuánto llevo andado, un par de kilómetros o así. En la moto del Julen no parece que Vergamar quede tan lejos.

Al principio ha estado bien, nos hemos visto una peli y hemos comido una pizza. Cuando ha terminado la peli nos hemos metido en el cuarto del Julen; nos podíamos haber quedado en el salón, pero el Julen ha dicho que llegarían sus hermanos y que era mejor que no nos encontrasen allí. Ahora ya no sé si sería verdad, con este frío y andando sola todo se ve distinto; no sé ni por qué voy hablando en voz alta. Será para que el camino parezca más corto.

En el cuarto del Julen me he sentado en la cama, no hay más sitio. Sólo hay una cama, un mueble con cajones y encima un ampli y un cd. Los altavoces cuelgan del techo, en unas redecillas blancas. Al lado del mueble hay un armario. En la única pared que queda libre (en una pared está el armario, en otra la puerta, que está muy cerca del armario y en otra la ventana), hay un poster de una tia en pelotas. El Julen me ha dicho que se lo regaló su tío (el dueño del taller en donde trabaja el Julen), y que lo tiene colgado para que su tío no se cabree, pero que a él no le gusta.

Nos hemos enrollado y eso también ha estado bien. El Julen está bueno. No me gusta que sus uñas estén tan negras, pero trabajando en un taller supongo que es normal. Hemos estado tirados en la cama mucho rato, nos hemos reído y acariciado. Luego el Julen se ha puesto cachondo y quería más. Le he dicho que nanai y no le ha gustado. Al final parecía que se le pasaba, pero entonces me ha salido con eso de que no hacía falta hacer nada por delante, que con el culo le valía; y ya sí se ha puesto muy pesado. A mí me ha dado miedo. Me decía que si me quitaba los pantalones, a él le valía con olerlo. Creo que es un cabrón. Ya me había avisado el abuelo Tirulete de que en ese pueblo son todos unos cabrones. Que no entienden al ser humano, que no les importa nada. Sólo se preocupan de que sus hijos trabajen cuanto antes para ganar más dinero. El abuelo me gusta, siempre me ha tratado bien, pero no le suelo hacer caso, me parece que está un poco majara; aunque el viejo me dice que es un sabio. El viejo suele ir todas las noches a verle.

Al final le he dicho al Julen que no me quitaba los pantalones. El Julen me ha mirado con unos ojos muy chungos. Se ha encendido un cigarro y me ha dicho que me marchase. Le he preguntado si no me llevaba de vuelta y me ha contestado que no podía, que era tarde y tenía que madrugar para ir al trabajo. Menudo cabrón. Pero me he ido, no quería estar allí ni un segundo más.

Hace un frío de cojones. El sol empieza a salir y espero que caliente un poco. A ver si hay suerte y llego antes de que se depierten los viejos.

Categorías: Sandra